Vivimos rodeadas de pendientes.
Respondemos mensajes, cumplimos horarios, cuidamos a otros, resolvemos problemas y seguimos avanzando, incluso cuando nuestro cuerpo y nuestra mente nos piden detenernos un momento.
Muchas veces imaginamos el autocuidado como algo lejano: un día completo de descanso, una rutina perfecta, un viaje o una tarde sin responsabilidades. Y cuando no tenemos tiempo para todo eso, sentimos que cuidarnos tendrá que esperar.
Pero el autocuidado no siempre necesita horas.
A veces comienza con algo mucho más pequeño.
Con preparar tu café en esa taza que te hace sonreír.
Con ordenar un rincón de tu casa.
Con recoger tu cabello lentamente.
Con encender una vela al terminar el día.
Con ponerte tu perfume favorito, aunque no tengas que salir.
Cuidarte no debería ser otra exigencia
El autocuidado no consiste en tener una vida perfectamente organizada ni en cumplir una lista interminable de hábitos saludables.
Tampoco tienes que ganarte el derecho a descansar.
Cuidarte puede ser simplemente reconocer cómo estás y preguntarte:
¿Qué necesito en este momento?
Tal vez necesites silencio. Tal vez movimiento. Tal vez hablar con alguien, dormir, llorar, tomar algo caliente o hacer algo bonito solamente porque sí.
Escucharte también es una forma de volver a ti.